dissabte, 21 de novembre de 2009

Camp, gent i paisatge en perill

www.diariodeibiza.es
21 novembre 2009
Perdida la cosecha de frutos secos

Buena parte de la cosecha de frutos secos se ha quedado este año en el campo - En la mayoría de explotaciones no se han recolectado las almendras
PEP RIBAS La temporada de recogida de frutos secos (almendra y algarroba) en Ibiza se da por concluida y sus resultados no podían ser más desastrosos. Se confirman las peores expectativas para una cosecha que no hace muchas décadas resultaba fundamental para la economía de la isla.

Aunque la almendra y la algarroba son dos frutos muy distintos, tienen mucho en común, dado que se producen en las mismas explotaciones, se recogen en la misma época y han convivido en la isla durante aproximadamente un siglo, pero a juzgar por su actual comportamiento en el mercado, su futuro es más que impreciso y su final supondrá un cambio total del paisaje de la isla.

Este año más que nunca cualquier persona que se desplace por las carreteras de la isla podrá apreciar un espectáculo muy poco reconfortante: los almendros conservan sus frutos, ya ennegrecidos por la acción de las lluvias. Significa que nadie ha recogido estos frutos, porque han dejado de tener valor. Los intermediarios que habitualmente la comercializaban ni siquiera disponen de precio y algunos guardan sus almacenes llenos con la producción del año pasado, que no han podido vender.

«Cuando Xico Tarrés ganó las elecciones por aquí se decía que había dicho: menos campos de golf y más campos de almendros. Pues bien, los que tenemos en Corona están acabados». Así se expresa Miquel Costa, un jubilado de Santa Agnès, que dice que es de los pocos payeses del pueblo que han recogido sus almendras. Pero no ha podido venderlas.

Confiesa que estuvo en la cooperativa y le dijeron que no admitían almendras a ningún precio. Luego visitó a un comerciante que solía acudir al pueblo a recoger la cosecha. «Me dijo que no compraba, sino que tenía para vender a 30 céntimos el kilo. Las tiene del año pasado, que las pagaba a 60», comenta.

Así pues, Miquel ha tenido que guardar la cosecha de este año, con la esperanza de que más adelante alguien quiera comprarla. Pero admite que en Corona sólo ha recogido las almendras algún que otro jubilado o gente que esté en el paro y no tenga nada más que hacer. En la mayoría de fincas el fruto se ha quedado en el campo, lo que supone que si el año próximo los dueños deciden efectuar la recolección, buena parte de las almendras estarán podridas, con la consiguiente pérdida de valor.

Catalina Torres admite que en su campo nadie ha recogido las almendras. «Yo no puedo hacerlo –explica–, porque ya estoy muy mayor, pero tampoco puedo encargar el trabajo a nadie, porque me costaría mucho dinero y no sacaría nada, ya que las almendras no tienen ningún valor».
Catalina y Miquel coinciden en que los almendros de Corona suponen un gran atractivo para la gente de fuera cuando están en flor. Pero para que sigan produciendo necesitan cuidados, y tal como está el mercado, nadie se preocupa de cuidarlos y mucho menos, de realizar nuevas plantaciones. Miquel cree que ya no se volverán a plantar más almendros en los campos de Corona. Al contrario, ya hay quien ha eliminado de su finca más de la mitad de los árboles, porque «al fin y al cabo, no le producían nada y sólo le molestaban para arar la tierra».

La producción de algarroba es menos problemática que la de almendra, dado que su cosecha es menos laboriosa y, aunque el precio ha descendido considerablemente en los últimos años, ese fruto sí que se compra, ya que la cooperativa Agrícola Sant Antoni la usa para la producción de piensos.

El presidente de esta entidad, Josep Ribas, Bernadet, señala que aunque son muchas las explotaciones donde el fruto ha quedado en los árboles, existen factores que han propiciado su recolección. Uno de ellos, la actual crisis económica, que ha llevado a personas en paro a recolectar algarroba para obtener algún recurso.

Bernadet afirma que algunos propietarios ceden gratuitamente sus campos para que esas personas realicen la recolección, sin caer en los riesgos que ello supone. «Imagínate –apunta– que tú regalas la fruta a alguien para que la recoja y esa persona tiene la mala pata de caerse de un algarrobo y hacerse daño. Pues bien, tú eres el responsable, ya que ese trabajador estaba en tu finca y no le cubría ningún seguro. Como ese tipo de trabajo no está regulado, a lo mejor para hacer un favor a alguien te has buscado la ruina».

Otro factor favorable a la recolección de la algarroba ha sido la abundante producción de este año, que incidía en la productividad del trabajo. No obstante, el precio ha caído en picado en los dos últimos años. Según el presidente de la cooperativa de Sant Antoni, en 2007 este producto se pagaba a los agricultores a 33 céntimos de euro el kilogramo; el año pasado ese precio había descendido hasta los 27 céntimos y actualmente el mismo producto se paga a 17 céntimos.